Por Marcos Rosenzvaig - Para LA GACETA - Buenos Aires

- ¿A qué edad comenzaste a sentir ese desarraigo que te convirtió en escritor?

- Yo vivía en un pueblito llamado Ibahernando, y por ese entonces mis padres habían decidido vivir en Cataluña. Tenía cuatro años cuando llegué a la estación de Gerona. Lloviznaba. Salía de un lugar donde vivía muy protegido, éramos como los ricos del pueblo, y de golpe me enfrentaba a una lengua extraña, a mezclarme con una multitud de gente humilde, y esa imagen de desamparo, de soledad, es la que no pude quitarme durante toda mi vida, y puede que ese desabrigo me haya convertido en escritor. Y si me hubiese quedado, tal vez hubiese sido veterinario como mi padre, o un señorito, de esos que no hacen nada.

- ¿El "y si" es un modo de narrar, una manera de pensar la novela?

- Las novelas son siempre un "Y si"; y si Cervantes no hubiese sido quien fue, y hubiese consumido su vida leyendo novelas de caballería en un pueblucho de la Mancha, qué hubiese ocurrido. Y si en vez de ser un chico timorato y pedante yo hubiese cruzado la frontera del río y me hubiese unido a una banda de delincuentes, pues entonces allí empieza la novela.

- ¿Por qué nos seduce la vida de los maleantes? Pienso en Robin Hood; en El Padrino, basado en la novela de Mario Puzo; y en Zarco, de Las leyes de la frontera. - No lo sé, y si lo supiera, a lo mejor no hubiese escrito esta novela. El personaje Zarco es un avatar del mito universal, del adolescente fuera de la ley, del Billy the kid. Hay un director belga que entendió muy bien eso y esa es la razón por la que lo autoricé a hacer la película. ¿Qué nos seduce? Durante mi adolescencia estábamos rodeados de estos delincuentes juveniles. Yo los miraba con una especie de fascinación y de miedo. Así fue como se creó una subcultura impulsada por la gráfica y la televisión.

- ¿Tu encuentro con Zarco, el noble delincuente, fue a través de los medios de comunicación?

- La imagen inaugural de la novela fue un prototipo de delincuente precoz llamado Juan José Moreno Cuenca, "El vaquilla", porque arremetía como una vaquilla. Todo el mundo lo conocía en España y aún lo recuerdan.

- Un fracaso o una antigua ilusión, algo pendiente en el imaginario.

- Yo quise ser tenista. Camus decía que todo lo que sabía de moral lo había aprendido jugando al fútbol. A mí me pasó algo similar, sólo que en el juego del tenis. Me resigné a ser escritor cuando llegaron las novelas y las aventuras amorosas. Desde la televisión, Illie Nastase hacía fácil aquello que parecía difícil. Escribir bien consiste en eso, que parezca fácil. Lo dijo Horacio: Ars est celare artem, el arte verdadero oculta el artificio. Hay que trabajar mucho para que no se perciba el trabajo. Lo contrario es el estilo vanidoso que siempre está demostrando lo difícil que es escribir.

- ¿Por qué la novela y no otro género?

- La novela es un género de enormes posibilidades. Es el género de la modernidad y el de la ironía. La ironía es Don Quijote, un personaje ridículo, grotesco, trágico y noble. El rey de los hidalgos, señor de los tristes, decía Rubén Darío. La ciencia de Descartes y la ironía de Cervantes crean la modernidad. La novela es un género que absorbe, devora, fagocita  lo que tiene a su alrededor, y va mutando a medida que devora. Y por eso está siempre en transformación y crisis permanente. Es un género infinitamente maleable y libre, y sobre todo es el género de las preguntas. La novela es el arte que mejor las protege y que mejor las formula, de la manera más compleja posible; si da respuestas, lo hace de forma parcial, con ambigüedades o de manera esencialmente irónica. Yo era un chico que leía novelas, y lo que acabo de hacer es una intelectualización de la novela.  

La edad del miedo

- Los ojos de un niño que fuimos nos miran en silencio. Se apagan, no sin dolor,  paulatinamente, en el tiempo. ¿Cuánto hay de Gafitas en vos y cómo vivís esa pérdida?

- Gafitas vive una edad donde reina el miedo. La adolescencia es una edad de frontera. En el momento en que dejé de ser un niño católico se me acabaron todos los asideros. Entonces me dije: de ahora en más me protegeré con las palabras, me protegeré contra las agresiones de los otros. Cuando logré asirme al territorio de las palabras entonces comencé a soñar con ser escritor. Escribir fue un modo de hacerme valer ante los demás. El personaje tiene rasgos circunstanciales míos, vive donde yo vivía y estudia en el mismo colegio. Nunca me recuperé del miedo, la soledad y la incompetencia  vital, eso me llevó a ser escritor. La literatura es una defensa contra las ofensas de la vida, dice Pavese. 

- ¿Y esa defensa se sostiene en el purismo de la verdad?

- La verdad existe, pero quien cree poseerla es un fanático o un idiota. La verdad hay que buscarla sabiendo que es inasible. Mis libros hablan de eso. La verdad es la búsqueda de la verdad.

- En la novela, aunque los personajes cambian en el transcurso de sus vidas, no cambian su esencia. ¿Pensás que en la vida de las personas reales sucede lo mismo?

- Tiendo a creer en la existencia y no en la esencia. Hay un núcleo que parece irreductible, que es el yo. No sabemos qué es ese yo. Yo no sé lo que es el yo. Montaigne decía que hay tanta diferencia entre yo y yo mismo como entre yo y los demás. No somos uno, somos multitud, y nos vamos transformando a lo largo del tiempo para convertirnos en otros. Sin embargo guardamos la idea de que tenemos un átomo que es el yo. No lo sé, no tengo respuesta en cuanto al cambio de las esencias.

- ¿Cómo se combinan, entonces, en vos la civilidad y el salvajismo interior a partir de la creación de Gafitas y de Zarco?

- Somos bestias, salvajes, queremos satisfacer los instintos, los demás nos sobran, pero debemos convivir con los otros y eso produce dolor. Pero ignorar esa bestia es cercenar la posibilidad de convivir con ella, y quizás eso haga más daño del que ya nos hace. 

Puntos ciegos

- Todos los personajes tienen por lo menos dos personalidades, María, Zarco, Gafitas, una siente el placer de la autodestrucción y la otra tiene que ver con lo social, la educación. La vejez hace que aquella gestada en la juventud quede como suspendida en el tiempo, la irracional, y sólo permanezcan los huesos educados, dispuestos y ordenados a lo largo de la cama. ¿Las leyes de la frontera es una novela existencial?

- El mejor poeta de mi generación, Carlos Marzal, piensa que yo escribo thrillers existenciales. Un soldado republicano salva la vida de un jerarca fascista en mi novela Soldados de Salamina. ¿Quién delató a la banda del Zarco? No hay una respuesta clara, inequívoca, taxativa, y decidir una cosa u otra cambia el sentido del libro. Quiero escribir una especie de ensayo narrativo que se titule El punto ciego. Todas las novelas  tienen un punto ciego a través del que no se ve nada. Esa oscuridad es la manera de iluminar que tienen las novelas, y el silencio su forma de ser elocuente. Don Quijote está loco pero es el hombre más sensato del mundo. Ese es un punto ciego. ¿Por qué el capitán Ahab está obsesionado con la ballena blanca en Moby Dick? ¿Y qué es la ballena blanca? ¿Dios? ¿El diablo? Ese es un el punto ciego. ¿De qué acusan a K... en El proceso? Ese es el punto ciego. No sabemos quién delató a la banda, al menos Las leyes de la frontera no lo revela, ese es el punto ciego.

- De todas maneras cuando la leí me imaginé que Tere, mujer que rodea la vida de Gafitas, había sido la delatora de la banda.

- Es legítima tu conclusión y debo decirte que sos la primera persona que me lo dice. De todas maneras, la delación queda en la ambigüedad.

- El franquismo dejó a cientos de personas a un costado del camino. El liberalismo en España y en el mundo dejará a cientos de miles más. Los indigentes crecen. Querer resolver los problemas del hemisferio norte marginando el otro lado del mundo es un intento estéril. Zarco será un niño de pecho de aquí a 30 años. ¿Cómo imagina "las leyes de la frontera" y esos nuevos personajes en un mundo con cada vez mayor exclusión?

- Tu diagnóstico no es optimista. Esperemos que no ocurra, me has pintado un panorama terrorífico. Mi padre recibió un mundo que era una basura. Nadie se salva solo. Para que yo viva bien, los demás deben vivir bien. No se puede vivir amurallado. Los de afuera tomarán las casas. Yo espero que lo tuyo sea optimista y no olvides que un optimista no es otra cosa que un pesimista mal informado. Espero que ese no sea mi caso.

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Marcos Rosenzvaig - Dramaturgo, crítico y novelista tucumano. 

Doctor en Letras de la Universidad de Buenos Aires.